Thursday, December 25, 2008

Fiebre Amarilla VII (Cuento)

LA CAZADORA DE DRAGONES
Por: Darío Valle

Bajaban de las montañas y luego se retiraban dejando tras sus pasos, muerte y desolación, las plañideras horas venían con los enterramientos y luego el poblado volvía a la simple rutina de la historia de los pueblos.
No hubo ocasión de parlamentar ni trato posible, los bárbaros bajaban a saciar su apetito de comida, de sangre, de sexo y aunque en principio menores en número, tenían como aliados el miedo y la sorpresa.
La provincia de Hu Sha era extensa y alejada de la capital, no se podía recurrir a los soldados imperiales ya que estaban en el norte en guerra contra los Mongoles. De todas maneras en esos tiempos, ¿Quién se preocupaba por los humildes?
El concilio de ancianos se reunió otra vez para sobrellevar con austera desilusión que la muerte del pueblo era inminente, dos o tres incursiones más de los usurpadores y los sobrevivientes se quedarían sin fuerzas para cosechar o cuidar los pocos animales que les quedaban.
Monoshi Iuma, se apoyó en su bastón y sentenció así su situación en particular, todos lo escuchaban con sumo respeto.
_____Si me quedo con ustedes los veré morir como a tantos otros o me verán morir a mí, no importa el orden, por lo tanto debo partir a buscar ayuda. ____Los otros viejos nada dijeron y lo vieron ponerse trabajosamente en pié y alejarse cuando el sol se ocultaba sobre los campos de arroz, algunas mujeres lo vieron tomar los senderos que conducían fuera de la comarca.
¿Dónde se había ido su juventud?, Era un hombre fuerte un día y al otro, solo un pobre viejo gris, decrépito, sin fuerzas, ¿De qué sirve la sabiduría si no se puede levantar una espada contra el opresor?, ¿De que sirve rezarle a los ancestros y a las poderosas fuerzas que regulan los ciclos universales?
Monoshi Iuma conocía de muerte, sobrevivió a veintidós nietos, todos se habían ido de diferentes formas, sus hijos, sus esperanzas; pero que desaparezca el pueblo: ¡Eso era demasiado!.
Sobre sus largos cabellos plateados sentía las gotas del rocío caer desde los árboles y correr rumbo a su raída túnica de tela rústica. Cuando dejó su comarca llevaba su viejo y querido bastón de cedro y apenas dos hogazas de pan en la bolsa que colgaba de su cinto.
El inmenso bosque dejaba pasar el sol entre los frondosos árboles, se sentó a descansar sobre una enorme piedra al costado de un pequeño arrollo de aguas cristalinas, el sonido de los pájaros era ensordecedor, todo a su alrededor rebozaba vida.
Sentía su respiración luchando aliento por aliento con sus pulmones casi secos, llevó a sus labios agrietados y estériles su mano empapada con el agua helada y sintió por un segundo que le volvían las fuerzas, elevó sus ojos a las frondosas copas y vio un universo de brillos dorados sobrepasar los miles de tonos de verde.
Entonces entre los millones de graznidos y melodías de los pájaros hubo un sonido nuevo, aguzó lo más que pudo sus añosos oídos y poco a poco descubrió una dulce melodía que ondeaba entre el follaje haciendo nido en cada tronco, en cada nudo en cada una de las hojas.
Se levantó y guiado por la música caminó un largo trecho hasta que en un recodo del arrollo vio de que se trataba.
Iuma se consideraba afortunado por haber vivido más de noventa años, eran épocas muy duras en China y sobrepasar los cuarenta era cosa de milagro, por lo que se ufanaba de haberlo visto casi todo, hasta que encontrarse con la visitante del bosque lo hizo sentir un nuevo asombro.
Era una joven de aspecto frágil, de pequeña estatura, se encontraba sentada en el tronco de un árbol caído y tocaba una flauta traversa ensimismada en la misma melodía que había acercado al viejo anciano
El hombre se sintió espectador de algo que solo podía tratarse de un prodigio de los dioses, por un pequeño instante se olvido de aquella misión que lo había hecho dejar su pueblo en busca de ayuda.
Ella lo había visto, pero haciendo caso omiso de su presencia, continuó tocando por un rato, hasta que dejó su instrumento y lo miró. Él comprendió que ella era extranjera, ya lo había sospechado al ver la delicada confección de su atuendo. Vestía una túnica de seda negra con dragones dorados, parecía la vestimenta de un integrante de la realeza, pero estaban muy lejos de las rutas más transitadas por los comerciantes o emisarios reales.
____¿Por qué interrumpes mi meditación viejo?
____Lo siento honorable señorita, estaba de viaje y me detuve subyugado por su música, lo lamento seguiré mi camino. ____Monoshi se puso de pié e hizo una sutil reverencia para dejar el lugar, caminó como suelen hacerlo los humildes, con la cabeza baja y sin darle la espalda a sus interlocutores, pero ella se puso de pie y caminando como si careciera de peso absoluto, lo enfrentó.
____¿Traes comida?
____Solo dos hogazas de pan, pero las compartiré con usted, mi nombre es Monoshi Iuma.
____Zukoshi es el mío ___Dijo, tenía un largo y sedoso cabello negro, atado en una sola cola, sus manos tenían cicatrices y llevaba las uñas muy cortas, señal de que no era una mujer de llevar una vida licenciosa ni amante de la cosmética, en su espalda atravesada en una funda de cuero tenía una Katana.
_____¿Es una guerrera?
_____Samurai.
En otros tiempos Monoshi hubiera reído, pero los años traen discreción, respeto, tiempo.
____¿Una Samurai mujer?, Perdone mi irrespetuosa ignorancia pero, ¿No es una orden de guerreros Japoneses esencialmente masculina?
Ella no le contestó, comió el pan con hambrienta lentitud, hasta que desapareció, Monoshi recogió agua del río, ella lo convidó con Sake. Sirvió de una pequeña botella de barro que tenía en su bolso, luego se puso de pie, le hizo una reverencia y se alejó.
____Estoy buscando contratar guerreros para salvar a mi pueblo, los bárbaros de las montañas, bajan y matan a los nuestros.
Ella volvió el rostro, él reparó en su calzado, era de cuero color pardo, tenía fuertes correas que se lo aseguraban a lo largo de sus piernas enfundadas en tela de seda negra, sobre su pecho tenía los mismos símbolos, Dragones dorados y en sus hombros calzaba una especie de protectores de bronce.
Tenía un rostro bello, evidentemente no era China por sus rasgos un tanto finos en comparación con la tosquedad de los campesinos amarillos, si alguna vez se maquillara, podría decirse que sería la más bella dama que Monoshi hubiese visto en su larga vida, sin embargo en su rostro no cabía más que un gesto torvo y poco delicado.
____¿Cuántos son?
____Muchos, tal vez cien, no lo sé, descienden de noche, una o dos veces al mes, han matado a todos mis parientes, ya no quedan hombres ni mujeres fuertes en Hu Sha, si tu…
___Hace tiempo que no peleo, pero creo que puedo ayudarte, ¿Cuánto oro hay en tu poblado anciano?
Él perdió en un segundo sus esperanzas, le dijo que nada tenían, solo miedo y hambre, pero que le agradecerían eternamente si ella y sus amigos se atrevían a tan honrosa misión. Se arrodilló a sus pies con todo su cuerpo envejecido y derramó las pocas lágrimas que aún guardaba luego de tanta tristeza y muerte.
____Busco oro y no hago nada con agradecimiento. No me interesa.
Ella se fue en silencio, pareció luego, que nunca hubo nadie en el bosque, todo volvió a la normalidad y Monoshi caminó de regreso, ella tenía razón, los dioses habían decidido en sus recónditos planes que la aldea debía morir, tal vez ella había sido una alucinación o un aviso de los Shoten Senshin.
Pasaron unos días y Zukoshi se pensó en la devastación final de la aldea de Hu Shu. Desde ese momento no pudo volver a dormir.
Traspasando las colinas amarillas, luego del enorme y oscuro río de las siete vertientes, ella caminó preguntando, hasta que llegó a lo que había sido el pueblo de aquel anciano, solo reconoció las antiguas demarcaciones, las que fueron cabañas que albergaron a familias y los campos que una vez dieron arroz y amapolas.
Aún humeaban algunas casas de madera y el olor a los últimos cadáveres, la obligó a taparse la nariz, sintió un escalofrío al ver un rostro conocido, una cabeza clavada sobre una pica parecía mirarla fijamente.
____Llegaste demasiado tarde Zukoshi, ya nada puedes hacer por nosotros.
La voz, mezcla de viento y desolación, salía de los labios espectrales de la cabeza del viejo anciano que había muerto a manos de los invasores, aún sin cuerpo, esta lloraba la penuria de un mundo violento y siniestro.
La muchacha bajó sus ojos a la tierra enrojecida, una nube de polvo cubrió los despojos y comenzó a llover sobre la tierra agrietada y sobre los cuerpos muertos. Los cabellos empapados se pegaron a la cara gris de Monoshi y este desde la punta filosa de la pica rió a carcajadas hasta que la tierra tembló.
Zukoshi despertó con fiebre, estaba en un cobertizo en medio de las montañas, hacía días el mismo sueño la atormentaba, la cabeza del anciano y la culpa, infinita culpa por no haber hecho algo.
Pasó horas afilando sus armas y luego caminó durante tres días hasta la aldea, felizmente su sueño no era profético, al menos no del todo.
Los aldeanos, los pocos que quedaban, la miraron, se acercaron con suma precaución, pero ella era muy diferente a los terribles bárbaros montañeses, estaba limpia, era seguramente de fina estirpe.
____¿Dónde está el anciano?, ¡Monoshi!
Un niño huesudo y con los pelos hirsutos, le señaló un promontorio de tierra junto a un corral vacío, ella reconoció su nombre escrito torpemente sobre un madero.
____Ellos lo decapitaron, enterramos su cuerpo, pero se llevan las cabezas como trofeos.
____¿Dónde?
El niño miró a las montañas cubiertas de negros bosques y luego corrió junto a su madre.
Todo el poblado la vio subir caminando por un angosto sendero, hasta que su pequeño cuerpo fue solo un punto desapareciendo entre las piedras, no sabían nada de ella ni como había conocido al viejo, él no les había contado una sola palabra de su encuentro en los márgenes de aquel arrollo.
Cuando pasaron cuatro o cinco días algunos hombres viejos se preguntaron sobre la situación de esa joven tan extraña, desde la montaña, durante las noches parecía oírse gritos de agonía, escuchaban también, el chocar de metales traído por el viento y cierta vez vieron un humo espeso recortado contra la luna llena, algo o alguien había prendido fuego quizás a los habitáculos de sus enemigos, pero solo eran deducciones fácilmente rebatibles.
La aldea pensó en que todo podría volver a la normalidad, comenzaron a través de los días a comer más y a tratar de volver a plantar de nuevo. Una mañana regresó alguien conocido.
_____Lo encontré. ____Dijo mirando a la docena de supervivientes de Hu Sha.
De su bolso sacó un cráneo reseco, sus ojos eran dos cuencas vacías, pero era reconocible el largo pelo gris y sus dientes puntiagudos, sin duda que se trataba de la cabeza de Monoshi Iuma.
Le sirvieron papas hervidas con granos, un suave vino de arroz y la trataron mejor que a la hija del emperador, si este la tuviera, claro.
Zukoshi se limpió las innumerables heridas y acompañó a los niños y sus madres a enterrar la cabeza del viejo junto a su cuerpo, sin lágrimas, pero con tristeza, el poblado se despidió de él. La joven guerrera les relató su encuentro, los sueños que la embargaron y como decidió ayudarlos lamentándose por lo tarde.____No debí enceguecerme por la codicia, solo si hubiera venido con él…
____Tu hiciste lo mejor que pudiste. ___Le dijo un hombre enfermo, que apoyaba su pierna purulenta ayudado dolorosamente con una improvisada muleta.
____¿Tus compañeros de armas te esperaban en la montaña? ___Le preguntó una mujer, mientras aún se veían sobre los riscos, los restos de los incendios.
Ella sonrió.
_____Vine sola, por eso demoré tanto en hacerlo.
El viento se levantó lentamente sobre el poblado, el silencio en los rostros fue elocuente, los pocos habitantes comprendieron que se encontraban frente a alguien especial y se agacharon a hacerle reverencias.
Zukoshi sintió el aliento del alma del viejo sumada a las decenas de muertos de Hu Sha, todos le agradecían la proeza, casi sin rasguños había vuelto luego de matar una horda completa de bárbaros.
____¡No puede ser!, ¿Cuántos eran?
____No los conté, tal vez doscientos, menos…, la verdad que no lo sé.
Durante una semana como pudieron festejaron la salvación de un destino que creían irrenunciable. Una mañana Zukoshi les comunicó que tenía que irse, era necesario seguir su camino.
La colmaron con los pocos regalos que podían darle, especialmente compartieron con ella sus mejores deseos, el pueblo de Hu Sha había renacido lentamente y pronto habría nuevos animales y cosecha y futuro.
Aún hoy que han pasado más de dos mil años de esta historia y Hu Sha es una próspera ciudad industrial de China, se dice que en las noches silenciosas, desde las cercanas montañas, se escuchan los sonidos de la batalla y a veces, solo a veces, se ve el espectro de una joven Japonesa bajar de ellas con un cráneo en la mano.
Pero ya sabemos que a la gente sencilla les gusta fabricar leyendas.

FIN
escrito el 3 Mayo 2005
Las dos ilustraciones son de Charlie Bowater

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