Saturday, July 31, 2010

La Planchificación de la Sociedad Uruguaya

La Planchificación Social
Por: Darío Valle Risoto

Como militantes de extraños valores, ellos recorren mi ciudad dando miedo y/o asco a la gente, estrafalarios en el vestir y con un caminar simiesco los llamados “planchas”, parecen vivir en un planeta paralelo donde solo existen el reguetón, la cumbia, las malas palabras y la apología del crimen.

Aparecieron en algún momento alrededor de los años noventa y sin embargo antes podríamos rastrearlos en los llamados “cumbieros” y “terrajas” que la mayoría de la sociedad deploraba y marginaba y hoy sin embargo, no solo acepta sino que absorbe como parte de una nueva estética y forma de vida que la ciudad toda parece contener.

No me contradigo cuando comienzo diciendo que por un lado dan miedo o asco y por otro son absorbidos por la sociedad en tanto, lo que la mayoría les copia es una estética visual que así como tantas otras cosas proviene del norte.

La moda del rap y del hip hop de los negros principalmente de New York que luchaban contra su marginación improvisando sus batallas verbales a través de un estilo basado específicamente en una impronta contestataria y combativa, fue absorbida por el establishment de las compañías discográficas. Batido, mezclado con el pop y luego con los ritmos caribeños comenzó a morir ideológicamente para transformarse en una suerte de panfleto violatorio de todo lo que signifique dignidad en tanto la mujer es continuamente tratada como un objeto de la más baja categoría.

No era raro que desde las calles de Nueva York saltara esta moda y principalmente vía Puerto Rico al resto de Latinoamérica fusionándose con diversos ritmos latino-tropicales y transformándose en un nuevo y patético modo de cultura que de reivindicar injusticias comenzó poco a poco a solidarizarse con una vida delictiva.Acaso la carencia de propuestas sea la nota discursiva propia de elementos musicales cada vez más simples, donde el reiterativo y machacante ritmo de base sea la excusa para repetir idioteces hasta el hartazgo y sin embargo funciona de maravillas entre un público para nada exigente, porque no tiene los elementos cognoscitivos para compararlo con otras formas de arte.

La estética visual abusa de los gorros de béisbol, los colores chillones y las malas combinaciones, los calzados deportivos con resortes, las camperas de nylon extragrandes y últimamente los suéteres con rayas horizontales anchas y principalmente violetas sobre blanco. No faltan los “rosarios” de plástico en torno al cuello ni tampoco los “Kanguros” con las capuchas levantadas sobre las ya citadas gorras para esconder casi completamente el rostro.

Un lenguaje gutural que cambia rápidamente de términos extraños donde uno si no pertenece a la tribu o la turba se pierde, un forma extraña de modular las palabras que se pegan y hacen del ejercicio siempre apasionante de la comunicación algo muy parecido a una tortura.
El último auge es tener el celular con esta oprobiosa música al volumen más alto en cualquier ámbito social haciendo gala de una impunidad ganada a fuerza de insultos y el atropello de quienes es imposible de hacer razonar más no sea con un golpe.

Modernización del Neanderthal que se resiste al conocimiento o atraso del cromañón que se rindió a la caída de la civilización occidental y cristiana y opta por la animalidad carente de propuestas y embriagada a pasta base (Paco en Argentina). No sabremos aún como podremos terminar entre una maza absorta de Planchas que parecen aquellos seres sin conciencia que desfilaban en la película The Wall para ser tragados por una gran picadora de carne.

Por allí hay gente que les cree graciosos a mi me producen un montón de sensaciones encontradas y muy pocas de ellas gratificantes. Lo siento.
Daddy Yanqui: Otro Patético símbolo de la decadencia musical de occidente


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