Thursday, August 25, 2011

¿Quién determina el buen gusto? 2

¿Quién determina el buen gusto?
2ª Parte
Por: Darío Valle Risoto


Con esa persona es muy difícil discutir, me refiero a una sana discusión donde se intercambien diferentes ideas y/o posiciones en torno a unos temas dados y juntos podamos aprender algo más de la vida. Sin embargo como mucha otra gente discute para ganar como si se tratara de una contienda donde debe haber un podio en alguna parte. Nunca lo voy a entender.

Por lo pronto hace algún tiempo en que la gente ensaya lo políticamente correcto desde lo absurdo de intentar igualar los sexos por ejemplo: a través del idioma y por ejemplo el ex presidente del Uruguay se refería a los ciudadanos como: “Uruguayos y Uruguayas”  y la intendenta de Montevideo fue a más refiriéndose a los ciudadanos de la capital como: “Montevideanos y Montevideanas” , el colmo de esto es la gente que nos dice “Todos y Todas” como si el Todos excluyera a las mujeres cuando “Todos” es precisamente: TO-DOS y Uruguayos es todos los uruguayos así como Montevideanos también, solo una mujer muy estúpida no se daría cuenta que también está contemplada en estos términos abarcativos en todo el conjunto de cada población.
Ni hablar de aquellos que escriben largos textos donde por ejemplo debemos sortear múltiples arrobas al pedo en la búsqueda de ese artificial concepto de igualdad sexual, les doy un ejemplo. “Tod@s los niñ@s están invitad@s así como sus padres y madres al festival a realizarse en el parque” cuando debería decir: “Todos los niños están invitados así como sus padres al festival a realizarse en el parque”

Una verdadera porquería que intenta sostener mediante una alteración de una clara regla del lenguaje una suerte de anti-diferenciación y vamos a más: ¿Desde ahora en adelante deberé decir: La humanidad y el humanidad para tampoco discriminar a los hombres?

Cuando digo por ejemplo: “Los vecinos del barrio” no debemos ser demasiado inteligentes para saber que me refiero a los habitantes de mi barrio sin diferenciar hombres o mujeres sino a todos en su conjunto, sin embargo al menos en el Uruguay desde el benemérito ex presidente “El vetador Vásquez” para acá no cejan de sorprenderme estas modas del decir y la escritura que me parecen aún peor que los que me envían un mensaje con “Weno” en vez de “Bueno”.
Entonces vuelvo al principio, discuto con esta persona sobre esto y más o menos coincidimos hasta que se pone fiera por ser mujer y me dice que yo discrimino a las damas al abrirles las puertas antes de entrar a algún lugar, por separarles las sillas en los restaurantes y tal vez también por tratarlas con cortesía. Tal parece que debo ser el ordinario que nunca fui para tratarlas con igualdad porque si las respeto las estoy discriminando.

Bueno, tenemos un problema porque a mi me gustan especialmente las mujeres y los hombres no, aparte de ello si me enseñaron a discriminarlas pero positivamente y no creo que una señorita en su sano juicio se ofenda porque yo soy educado y la dejo pasar antes o la ayudo a ponerse el saco.
Por otro lado creo que en esta ciudad ya tengo suficiente de gente ordinaria, mal hablada y con cero modales con sus semejantes, para creer que yo soy un pelotudo antiguo y retrógrado por tratar a la gente con el mismo respeto que me gustaría me traten a mí y especialmente a las mujeres.

Cierta vez un compañero de trabajo me preguntaba porque uso camisa gran parte del año, le contesté que tengo varias y me gustan y que incluso la corbata en ciertas ocasiones es un adorno que me gusta llevar tal como él los piercings en la nariz o las caravanas con raras formas en sus orejas, todo es cuestión de con que nos sentimos mejor con nosotros mismos.

Cierta vez al terminar el año, luego del curso avanzado en comunicación que di en la Biblioteca Carlos Roxlo hicimos una especie de brindis final con refrescos y algo de comer y las alumnas se vieron sorprendidas al ver mis tatuajes en los brazos ya que fue la primera vez que me veían sin mi “disfraz de ser humano” como yo le llamo al saco, la camisa y la corbata.

En relaciones públicas aprendí y mucho sobre los mensajes que les enviamos a nuestros semejantes a través de nuestra imagen, la forma en que hablamos o escribimos y desde luego por nuestras actitudes con los demás. Así que tenemos una paradoja, por una parte la gente pretende mediante el idioma establecer una diferenciación entre sexos para así igualarlos y por otro debemos también ser iguales en la ordinariez con todos sin diferenciarnos. ¿A ustedes les parece que debo tratar a las mujeres tan mal como se supone se debe tratar a los hombres?

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