Friday, August 5, 2011

Uruguay: ochenta y cinco, movimiento popular y frente amplio

Uruguay: ochenta y cinco, movimiento popular y frente amplio
Por: Darío Valle Risoto


Corría el año 1985 y en Uruguay había acabado luego de once años la dictadura cívico-militar instaurada desde 1973 gracias al benemérito Juan Bordaberry, los militares y sus padrinos de la CIA.
Yo desde hacía dos años trabajaba en los talleres Barreiro donde felizmente había conocido a Eduardo Romero un anarquista con unos conocimientos de política formidables, gracias a él comencé a conocer la historia reciente de mi país de forma profunda ya que en mi hogar no se hablaba mucho de política y tampoco entre mis familiares que eran muy pocos.

Como suele suceder luego de largos períodos donde las libertades son maniatadas, las sociedades se desperezan del oscurantismo y explotan miles de nuevas cosas, propuestas e inquietudes entre las generaciones que vivieron la represión, esto hace que se de un fenómeno muchas veces enloquecido y desmedido por quizás recapturar el tiempo robado y talvez recuperar la libertad a grados superlativos.

En Uruguay la izquierda prácticamente circunscrita a la coalición de partidos llamada Frente Amplio fue la más combatida durante la dictadura, miles de frenteamplistas tuvieron que irse del país, exiliados por persecución política o por exclusión económica que son básicamente lo mismo. 
De todas maneras alrededor del fin de la dictadura muchos volvieron y desde luego que los artistas censurados fueron un estandarte para que comenzara una ola “popular” que en aquellos días llegó a pasarme por encima de tal forma que inmediatamente como reacción comencé a detestar todo lo que fuera “popular y frenteamplista” porque me pudrieron los cojones con el Canto Popular y muchas personas que hasta ese momento era seres humanos bastante normales se metamorfosearon en una suerte de guerrilleros de la sierra maestra uruguayos con boinas, barbas, mates, pegotines, marchas, candombailes y una jerga de “compañeros” que se torno, al menos para mí, bastante insoportable.

Hoy con muchos años por delante y viéndolo en perspectiva me siento feliz de haber dado un paso al costado y si bien militaba en mi sindicato tanto laboral como estudiantil, siempre vi con cierta desconfianza a los “revolucionarios instantáneos” que se crearon con el fin de la dictadura. ¿Dónde estaban antes? Recuerdo a jóvenes de quince años o menos queriéndome afiliar al partido comunista y las tremendas discusiones cuando yo les decía que era Anarquista y estaba en contra de la “Dictadura del proletariado”
Eso me hizo perder en el liceo la posibilidad de conquistar alguna piba porque las mejores estaban en las juventudes comunistas.

Lo que si era interesante y hoy lamentablemente ha muerto, eran los largos, constantes e incesantes debates políticos tanto en boliches como en los corredores de los institutos o donde sea. Por lo menos equivocados o no, los jóvenes buscábamos algo de que agarrarnos con miras a un futuro posible en un país que de todas formas tenía un gobierno de transición que había llegado al poder con partidos y políticos proscritos.

Los años trajeron a esa misma coalición de izquierda al poder, la misma que era el centro neurálgico de aquella gran movida de los años ochenta cuando se retornó a la democracia y la madurez nos hizo comprobar una vez más, que los hombres cambian cuando llegan a cumplir sus metas, muchas veces transformándose en los mismos enemigos contra lo que combatieron en su juventud.

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