Saturday, December 3, 2011

La Tía Concepción (Cuento)

La Tía Concepción
Por: Darío Valle Risoto


Prácticamente iba todos los domingos, solo había faltado alguna vez por estar enferma o porque algún pariente lo estaba, quizás también un velorio, cosas de esas.
Era lindo verla regresar a casa a la tía, venía de paso por la feria y entonces venía con el carrito lleno de frutas y verduras y el pecho pletórico de fe católica, salmos y la beneficiosa sensación de haber cumplido con sus deberes celestiales.
La tía Concepción tenía como ciento cuarenta años, vestía siempre de negro, era bajita, gallega y llena de cosas raras además de ese acento que nunca había perdido y que remontaba a Vigo, las montañas de La Coruña o el puerto de Finisterre.

Había quedado viuda muy joven y nuca se había vuelto a casar, su familia en Montevideo había crecido tanto que ya le daba lo mismo besar nietos que a los hijos de los amigos de los hijos de los primos del cuñado de tal o cual pariente del que nunca recordaría el nombre.
Cristiana, católica y mujer de fe sin embargo tenía una visión algo extraña de los mensajes bíblicos y no cejaba de discutir con el cura cuando iba a confesarse, cosa que hacía demasiado seguido para la paciencia de este y quizás para el suicidio de algún ángel allá arriba.
__ Mi nieta se masturba, le dije que es pecado.
__ ¿Qué?
__ ¿Está sordo padrecito?, Que mi nieta se masturba.
__ ¿?
__ No se lo que es pero debe ser malo.
__ Bueno, depende… ¿Cuántos años tiene su nieta?
__ Dieciséis pero tiene mucho cuerpo para su edad, yo creo que debe ser esa comida chotarra que come tanto.
__ Chatarra.
__ ¿Usted también la come?
__ No hija, la comida chatarra que come su nieta, hamburguesas, esas cosas… ¿No?
__ Y las papitas, creo que también toma vino, bueno ustedes los curas también toman vino.
__ No es lo mismo.
__ Dieciséis años… ¿Carla?
__ No, esa salio buena niña, yo digo por Estelita, la que se viste raro.
__ No la recuerdo.
__ ¡Como la va a recordar si después del bautismo no quiso entrar mas a la iglesia!

Y así le iba arruinando al cura de turno el domingo, luego de la misa se iba a confesar casi una vez por mes, como no tenía muchos pecados propios compartía algunos ajenos o lo que ella creía que eran pecados, casi siempre recibía el consejo de algún ave María un par de padrenuestros y los mejores deseos de un sacerdote sonriente pero agotado.

Cierto día se cayó en la calle y le robaron el carrito de las verduras y se le rompieron los lentes, estuvo internada porque le sacaron placas en la cadera. Estuvo insoportable en su habitación de “Casa de Galicia”  La iba a ver tanta gente que comenzó a pensar que se iba a morir, entonces no tuvo mejor idea que pedir que vaya el padre a verla. Allí fueron Sonia Martirena la nieta y su marido a la parroquia a buscar el cura que con su sonrisa franca viajó a por salvarle el alma a la tía.
La encontró mirando televisión y peleando con la otra internada sobre si era bueno que el papa fuera negro o mujer. Mal momento para entrar a verla sosteniendo su manoseada biblia de tapas de cuero.

__ ¡Ya lo sabía, me voy a morir! ___Dijo llorando cuando vio llegar al padre Santiago.
__ No, no, vengo a saludarla nomás.
__ ¿Me robaron, me empujaron, me duele todo y usted viene a saludarme?
__ ¿Qué puedo hacer por usted?
__ Haga algo allá arriba, que los delincuentes se vayan al infierno.
Su nieta se puso a mirar por la ventana, su marido suspiró y la otra internada llamó a la enfermera para pedir cambio de habitación.
El cura arrimó una silla y la saludó, se puso a tratar de convencerla de que se tranquilice y de que todo iba a mejorar.
__ Dos mocosos de gorras, planchas de mierda…
__ ¡Tía!
__ No se preocupe, nuestro señor ya procurará que todo vuelva a la normalidad.
__ Tres quilos de naranjas, las compré en oferta, eran preciosas, un aroma… y estos me las roban, ojala que se caguen toda una semana.
El cura intentaba no reírse mientras su nieta trataba de desaparecer.

Unos días después la tía volvió a la casa, la recibieron con una fiesta que no le gustó, el domingo siguiente fue a misa y luego a por la feria, al regresar reconoció a uno de los chicos que la había robado.
Lo llamó y le dio unos pesos, antes de que se vaya le dijo: ___Toma mi amor, para que te compres pasta base y revientes lo antes posible.

FIN

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