Saturday, February 20, 2010

Un momento en el verano

Un momento en el verano

Por: Darío Valle Risoto



Álvaro discutió tanto con Noelia, que cuando se fue de la casa alquilada fue un alivio para todos, Pedro trató de detenerlo pero era inútil, todos conocemos a Álvaro y casi nunca da marcha atrás aunque evidentemente tomó llorando el ómnibus en la ruta.

Ya iban mal en el viaje, él es de esos tipos obcecados que se meten en un pensamiento hasta que se vuelve obsesión, lo primero que le molestó es que ella me haya acompañado en la terminal a comprar cigarrillos y ni siquiera eran para mí, sino para Alejandro y Maritza que estaban sacando los pasajes.

En realidad me había resistido a viajar con las tres parejas, siete no es un buen número, pero ya somos grandes y creo que saben que soy un tipo sumamente discreto, por lo pronto me hice casi invisible cuando llegamos a la casita en Villa Hermosa.

Así que estaban los veteranos: Alejandro y Maritza, Pedro y su esposa Raquel, Álvaro y su entonces novia Noelia y finalmente yo: Daniel Funes.

El primer día luego de que se le fue la mufa con el tema de que ella me había acompañado en la terminal, Noelia se pasó tratando de apaciguarlo hasta que se durmieron abrazados en las hamacas paraguayas, yo siempre supe que no le caigo bien a este tipo, desde que trabajamos juntos en la imprenta y lo insulté porque había carnereado en un paro que no me puede tragar.

Ahora se había marchado y éramos tres parejas, al menos si tomamos en cuenta el tema ya viejo de los casales, lo que me ponía sobradamente nervioso ya que Álvaro podría encontrar la definitiva razón para romperme la boca y había sido boxeador.

Entre tanto prendían el fuego para hacer un asado y caía la tarde. Sin mediar palabra me fui caminando a la playa que quedaba a tres cuadras y media de la casita alquilada, era una tarde extremadamente calurosa y el calor subía desde el pedregullo transformándolo todo en una especie de horno, veranos uruguayos que les dicen.

Saqué un pucho de mariguana de mi mochila y lo prendí, previamente vi que estaba completamente solo, no era una playa grande y el mar por delante invitaba a imaginar mundos desmesuradamente lejanos y reinos de ultramar. Me costó prenderlo como siempre, por suerte una especie de brisa algo disipó las altas temperaturas, apenas si eran las ocho de la noche y solo se atisbaba un bosquejo de atardecer en el horizonte.

Entonces desde el sendero de la calle que corre paralela a una suerte de rambla improvisada la vi bajar, obviamente no me había seguido porque ni siquiera trató de buscarme, estaba con sus jeans azules que se sacó inmediatamente dejando ver su traje de baño negro enterizo.

Fumando lentamente la vi meterse al mar en principio con cierta timidez pero luego desapareció a la primera zambullida.

Noelia es una mujer no hermosa pero extremadamente atractiva, sus pómulos salientes como los de una belleza nórdica se destacan con su pelo muy oscuro y sus ojos almendrados, incluso tiene un diente un poco partido que cuando sonríe le da cierto aire cómico. Es de estatura mediana, en realidad más bien alta y tiene una figura un tanto rellenita pero sin llegar a ser gorda de ninguna manera.

Mientras fumaba recordé que la había conocido en el liceo nocturno mucho antes que el idiota de Álvaro y que nos volvimos a encontrar precisamente en una despedida de la imprenta cuando él la llevo ya que era familiar la cosa.

Desde allí en adelante parecía que el destino nos cruzaba indefectiblemente, en 1988 retomé un taller literario y allí estaba con una amiga, al poco tiempo esa amiga fue mi novia pero todos sabíamos que era algo superficial.

Volví al presente y Noelia seguía nadando mientras el agua se tornaba de un color metálico azulado y el sol incendiaba el horizonte, recordé que el asado debería estar pronto y que no era bueno llegar solo para comer, después de todo eran buena gente.

Por lo tanto terminé el pucho y caminé descalzo pero aún vistiendo mis jeans negros hasta la orilla esperando que repare en mí y así lo hizo.

__ ¿Me estabas espiando?

__ El asado en la casa, debe faltar poco, me pregunto si vas a ir.

Noelia chorreaba agua y olía a verano, como esas mañanas en que uno se pone frente a la ventana para dejar que el mejor oxígeno del mundo le inunde el alma.

__ Tenés razón, vamos.

Recogimos nuestras cosas y caminamos por los senderos que llevaban a la calle de pedregullo y a la casita donde íbamos a pasar todo Enero, yo no sabía que decirle y solo intentaba hablar del tiempo y esas cosas.

__Creo que les debo una disculpa a todos por la actitud de Álvaro, no debió hacer esa escena.

__ Es un buen tipo. ___Le mentí.

Ella lanzó la carcajada, su largo pelo mojado me invitaba inexorablemente a acariciarla.

__ ¿Álvaro?, es un cretino, ¿Sabes porque estoy con él hace como dos años?

__ ¿Amor?

__ No, el amor no existe, estoy con él porque no puedo estar sola, me aterra la idea de no tener un hombre al lado, sabes que por eso te envidio desde siempre.

__ ¿Por no tener un hombre al lado?

__ No idiota, porque vos pasas tiempo y tiempo solo y parece que la llevas bien, siempre salís y parece que no te molesta no tener parejas.

__En realidad no pienso demasiado en eso, creo que me acostumbré a mi forma de libertad.

Cuando la conversación se ponía peligrosa llegamos a la casa, estaban por poner el asado a la mesa y ella y yo para compensar nuestra desaparición ayudamos a buscar los cubiertos y servimos.

Tal parecía que la ida de Álvaro había sido un regalo de verano porque todos nos llevamos hasta mejor sin él, en un momento Maritza me pidió que traiga más carne y cuando fui a por ella estaba a mi lado.

__ Bueno, yo puedo solo Maritza, no te preocupes.

__ Me imagino que de una puta vez harás lo que es debido para ligarte a Noelia.

__ ¿Qué me querés decir gallega?

La veterana conserva su juvenil mirada aún cerca de los cincuenta y mientras le sonríe a su marido el pelado Alejandro, me mira y me lanza una larga y convincente diatriba sobre la imperiosa necesidad de que la haga feliz a nuestra amiga a pesar de todo y de todos.

En la sobremesa la llamé al jardín y terminó de caer la noche con los dos abrazados mirando los últimos rescoldos del fuego apagarse, los perros jugaban y poco a poco los faroles se fueron encendiendo menos los más cercanos. Maritza es una mujer que piensa en todo.

FIN





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