Tuesday, March 23, 2010

El Círculo del Destino

El Círculo del Destino
Por Darío Valle Risoto

Siempre era mejor que quedarse en casa, amargado e infeliz con esa madre que era más que una progenitora, una especie de castigo. Bruno Alvarado tenía inquietudes literarias desde que tenía uso de la razón si es que alguna vez el ser humano la usa.
Angélica lo invitó a un nuevo taller literario, quedaba lejos en Instrucciones y Propios, un barrio medio extraño pero no tan difícil de recorrer ese sábado lluvioso de invierno.
La casa del compañero de Angélica era una especie de casilla de esas cubiertas de láminas de madera con techo de chapas a dos aguas, adentro había un cálido lugar en torno a la estufa a leña con una veintena de personas.
Una mesa grande con gente a su alrededor que conversaba sobre Jorge Luís Borges cuando Bruno llegó congelado y saludó a la concurrencia, Angélica se mostró muy contenta de que hubiera aceptado la invitación, su compañero lo saludó con una sonrisa forzada.
__El es Bruno Alvarado el escritor de “Lunes en la Tormenta”, ¿Lo leyeron?
Una mujer entrada en años lo miró con un cierto gesto de incredulidad, en efecto tenía ese libro que Bruno había editado con mucho sacrificio en 1989.
__ ¿Me lo puede firmar?
Le sirvieron un vaso de vino y comenzó a entrar en calor escuchando diversos puntos de vista sobre el escritor argentino, algunos lo defendían, otros le acusaban de viejo fascista, era sin duda una conversación sobre Borges escuchada mil veces antes.
__ ¿Qué le pongo?
__ Me llamo María Núñez, cualquier cosa, póngale cualquier cosa, es para sacarme lustre con mis amigas porque lo conocí.
__ No es un buen libro, fue hace diez años que lo escribí y con el tiempo le encontré muchos errores.
__ No siempre un libro sobre un violador de jovencitas puede ser a la vez trágico y divertido mi amigo.
Había hablado un veterano de boca enorme, cabellos escasos y bigote fino, tenía el aspecto de todo menos de un fanático de la literatura pero en esos talleres se podía encontrar de todo.
__ Lo escribí sobre la historia que me narró una tía que fue violada impunemente en Casupá allá por los años cincuenta en las inundaciones.
El hombre lo miró detenidamente mientras el resto de los contertulios olvidaban rápidamente a Jorge Luís Borges y Bruno se molestaba por ello, Angélica sirvió polvorones de chocolate y crema con café para todos.
__ Yo soy de Casupá pero nunca escuché sobre eso.
__ Bueno, fue algo muy vago que rescaté de mi memoria de infancia, mi tía Lourdes era casi una niña cuando el hijo de un juez del pueblo abusó de ella, todo quedó tapado por las influencias de su padre y ella terminó viniendo a vivir a Montevideo, lo que más me atrajo fue que en el marco de las inundaciones del cincuenta y nueve el interior se volvió un poco más salvaje que de costumbre.
El silencio rodeó a los concurrentes y nadie osó cambiar la conversación era como si quisieran que Bruno les leyera el libro o se los contara.
__ ¿Cómo se llamaba el Juez?
__ La verdad nunca lo supe, se me ocurrió Arrospide pero es un invento, pudo ser Gonzáles o Chamberlain, cualquier cosa. ___Contestó sonriendo.
Felizmente volvieron lentamente a lo que les ocupaba, ser un montón de escritores prácticamente desconocidos que se juntaban para compartir sus trabajos, el veterano en cuestión escribía unas interesantes obras teatrales sobre monólogos de gente de campo, Bruno leyó solo un par de párrafos de su libro ante la insistencia de la audiencia.

“Y mientras era brutalmente penetrada, ella sintió ese perfume que nunca jamás iba a olvidar, se encomendó a dios pero nadie respondía desde el cielo mientras golpeaba impertérrita la lluvia sobre el techo del auto Ford del hijo del juez.
La encontró su abuela tirada en el pasto chorreando sangre y bajo la lluvia no lloraron ninguna de las dos porque en aquellos tiempo no hubo tiempo más que para la frustración y el odio de clase”

Unas horas después todos se fueron, uno de los últimos en retirarse fue ese hombre veterano y grueso que le dio la mano con preocupación, Bruno lo adjudicó a que sin dudas era un tema, el de su libro, que conmovería a cualquiera que tenga algo en medio del pecho.
Media hora después hizo lo propio despidiéndose de Angélica y de su compañero, se rehusó a que le llamen un taxi, eran apenas las nueve de la noche y había parado de llover aunque hacía frío y las calles estaban tan heladas como desiertas al norte de Montevideo.
Alguien lo interceptó desde la esquina, era ese hombre, Bruno pensó en cualquier cosa menos en que lo invite a tomar un café en el Bar más cercano.
__ No me rechace mi amigo, tengo algo importante que decirle.
__ Pero estoy algo apurado.
Dentro de un pequeño Bar se sentaron a una mesa estrecha y aceptaron dos cafés humeantes del mozo antes de que el hombre hablara no bien prendió un cigarro y lo miró con preocupación.
__ ¿Usted cree en el destino?
__ No, no soy supersticioso.
__ Bueno. ___Sonrió amargamente: ___Vine a esta reunión como por casualidad y me encuentro con usted, hace años leí el libro y no podía creer que iba a encontrarme con el autor en persona.
__ No lo entiendo.
__ En realidad vivo en España, vine de vacaciones obligadas porque tengo una tía muy enferma, usted no sabe lo que ese libro representa para mi, para mi familia.
__ Sigo sin entender y se hacer tarde, me voy a tener que ir.
Amago a ponerse en pie cuando el hombre le tomó la muñeca no con violencia sino con la firmeza de la súplica.
__ El hijo del juez, el violador, era mi padre, usted no cambió el apellido, yo soy Héctor Arrospide.
Para confirmarlo le mostró una cédula vieja y quebrada en los bordes.
__ No se que decirle.
__ Nada mi amigo, yo tengo que decirle algo para que se lo diga a su tía.
__ Ella murió en 1994, lo siento.
El hombre lagrimeó y miró al piso de baldosas, siguió hablándole sin mirarlo a la cara.
__ Mi padre cometió un crimen terrible no tengo ninguna razón para que alguien lo perdone, pero antes de morir me confesó que desde ese terrible momento su vida fue un infierno, así me explicó porque nuestra relación siempre fue fría y distante, creo que nunca se perdonó por ese asunto, cuando encontré el libro, casi por accidente en Madrid casi me muero.
__ ¿Ahora sí cree en el destino? __ Le preguntó nuevamente mirándolo con los ojos empapados en llanto.

FIN

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